Friday, December 12, 2014

MI HIJO: ¿MI VÍCTIMA O MI CREACIÓN? Dr. César Mella



MI HIJO: ¿MI VÍCTIMA O MI CREACIÓN?
 Dr. César Mella, Psiquiatra dominicano
Este artículo que me llegó hoy, me pareció muy interesante, y lo quiero compartir con ustedes.  Gracias, Xiomara J. Pages
Diciembre 12, 2014
 

Nos quedamos sorprendidos, cuando nos damos cuenta en periódicos o radio, que el sicario no superaba los 18 años. Cuando los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes de hasta 14 años de edad.

Frente a lo anterior, el siquiatra dominicano César Mella, hizo publicar el siguiente trabajo, que creo que a todos los que somos padres, o abuelos, nos debe interesar; el texto es el siguiente:


"Yo me preguntaría y me plantearía las siguientes preguntas:

¿Cómo eduqué o cómo estoy educando a mis hijos?

¿Qué valores inculco o inculqué a mis hijos?

A los jóvenes de este siglo, hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos al Colegio, y digo llevarlos, porque no tienen que tomar el bus o caminar larguísimas distancias para llegar a el.

 
Se levantan generalmente irritados porque se acuestan muy tarde, viendo televisión por cable, jugando playstation, hablando o enviando mensajes por teléfono o chateando por la Internet, o "disfrutando" pornografía. 


No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos en poner un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar.

Tienen los juegos y equipos digitales más modernos del mercado, Ipod, blackberry y computadora que no pueden faltar, como tampoco el pago por su actualización. Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen del celular más novedoso. El nextel más costoso. La Laptop más equipada. Nada les costó. Si se descomponen, para eso estamos los padres, no faltaba más, hay que pagar la reparación, a la brevedad y sin chistar.

 
 
Idolatran amigos y a falsos personajes de realitys de MTV, artistas, cantantes, deportistas, que pocos valores y principios tienen para destacar. ¡Ah! pero viven encontrándole defectos a sus padres, a quienes acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda.
Se cierran automáticamente a quienes les hablen de moral, honor y  buenas costumbres, y mucho menos de asuntos espirituales. Los consideran aburridos. Ya saben todo y, lo que no ¡Lo consultan en internet! 

 Nos asombramos, porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas, cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo incluso su cuota semanal o mensual (allowance), sin que verdaderamente hayan trabajado por ella, y todavía se quejan porque "eso no me alcanza".


Si son estudiantes, siempre inventan trabajos de equipo o paseos de campo, que lo menos que uno sospecha, es que regresarán con un embarazo, habiendo probado éxtasis, coca, marihuana o cuando mínimo alcoholizados, participando en orgías, intercambio de parejas o, simplemente con "su tinieblo". 

Y cuando les solicita su colaboración en cuestiones mínimas del hogar, lejos de ser agradecidos nos contestan, con desfachatez:

"Yo no les pedí nacer, es su obligación mantenerme o quién los manda a andar de calientes"  (Bella respuesta!)

Definitivamente estamos atravesando una crisis sin precedentes, pues la fórmula para que hagan su vida, de manera independiente se aleja cada vez más, pues aún graduados y con trabajo, hay que seguirlos manteniendo, pagándoles deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos.

Con lo anterior, me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas) que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años, si es correcto 28 años o más ¿lo pueden creer? Y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos, todo esto constituyen un verdadero dolor de cabeza.

¿Entonces en qué estamos fallando?


Yo sé, dirán que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era levantarse de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que ayudar a limpiar la casa; no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera, siempre lustraban sus zapatos, los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos gerenciales o ejecutivos, aceptaban trabajos sencillos, que les generaran algunos ingresos, para sus gastos personales, e incluso, para colaborar en la casa.


Lo que le pasó a nuestras generaciones, es que elaboramos una famosa frase que no dió resultado y mandó todo al diablo:

¡Yo no quiero que mis hijos pasen, los trabajos y carencias que yo pasé!

Nuestros hijos no han conocido la verdadera escasez, el hambre. Se han criado en la cultura del desperdicio: agua, comida, luz, ropa, dinero.


Muchos de los nuestros hijos, a los 10 años ya habían ido de paseo a muchos lugares, playas, lugares de diversión, parques recreativos, mínimo dos veces, cuando nosotros a los 20 si bien nos iba, conocíamos algunas ciudades capitales, con las limitaciones de la época. 

El dame y el cómprame, siempre ha sido generosamente complacido, convirtiendo a nuestros hijos en habitantes de una pensión, con sirviente (a) y todo incluido, que después hemos intentado que funcione como hogar. 


Es alarmante el alto índice de divorcios que se está generando. Al inicio, van a la conquista de su pareja y luego, en corto tiempo, vuelven al hogar, divorciados porque "la cosa no funcionó"; ninguno de los dos quiere servir al otro en su nueva vida, el individualismo y el egoismo salen a flote, porque no se acostumbraron a dar, sino a recibir todo el tiempo. Como nunca batallaron en el "Hotel Mama", con sirviente incluido, en la que se les convirtió el hogar paterno, a las primeras carencias en el propio, avientan el paquete y regresan a la casa para que la mamá y el papá continúen resolviéndoles sus necesidades, porque se sienten capaces de asumir retos, ni de cortar el cordón umbilical.  


Este mensaje es para los que tienen hijos y que pueden todavía moldearlos, edúquenlos con principios y responsabilidades.




Incúlqueles el hábito de ser agradecidos. 

Háganles entender la importancia que tiene para su propio futuro, el saber ganarse el dinero con honestidad, la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la cual no aportan para el pago de servicios. Háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo de luz, agua, renta. Háganles sentir en su casa, cómo se comportarían ustedes en casa ajena cuando van de visita.

Por ese domingo o cuota semanal o mensual, edúquenlos en la cultura de la correspondencia y el agradecimiento. Que los sábados o domingos, ellos colaboren, bien sea lavando el carro, ayudando a limpiar la casa, NO SU CUARTO, esa debe ser obligación de siempre sin pago de por medio. Enséñenles la costumbre de limpiar sus zapatos, de que paguen simbólicamente, por todo lo que gratuitamente reciben; implántenles la ideología de ameritar una especie de beca escolar que ustedes pagan, y  por la que ellos no pagan ni un centavo, eso puede generar una relación en sus mentes trabajo = bienestar. 

 

Que entiendan que asistir al Colegio o a la Universidad, es un compromiso con la vida, que no es ningún mérito asistir a ella. De la responsabilidad con que cumplan ese compromiso, dependerá su calidad de vida futura. 



Todos los niños deben desde temprano aprender a lavar, planchar y cocinar, para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles. 


Cuida lo que ven y ves con ellos en la televisión, y evita caer en el vicio social llamado telenovelas que lo único que resaltan es la bajeza y la pobredumbre de una sociedad decadente, los video juegos violentos, las modas y toda la electrónica de la comunicación, que han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó. 


Cuando te ocupes en corregirlos, aconséjalos, platica con ellos, no los ofendas, no los reprendas en público. Si lo haces, nunca lo olvidarán, nunca te lo perdonarán. 


Estamos comprometidos a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos, o sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos quedó en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante. 

Ojalá que este mensaje llegue a los que tienen la oportunidad de cambiar o hacer algo al respecto. Ya los abuelos pagaron. Nosotros estamos pagando con sangre la transición.

Que cada quien tome lo que le corresponda. Que haga lo que pueda y quiera. Rcuerda que para que triunfe el mal, solo se necesita que la gente buena lo permita...



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